lunes, 27 de mayo de 2013

La Guerra Ruso-Japonesa (2)


CARRERA HACIA LA DESTRUCCIÓN: LA BATALLA DE TSUSHIMA

Tras la destrucción de la escuadra rusa del Pacífico, se creó una Segunda Escuadra del Pacífico con los buques de la Flota rusa del Báltico. El Vicealmirante Zinovi Petrovich Rojestvensky designó como su insignia el acorazado Kniaz Suvarov, de reciente construcción, el 14 de agosto de 1904. Tras casi dos meses de preparativos apresurados en los que se completaron las dotaciones de los buques con reservistas y reclutas, la flota partió para Asia el día 14 de octubre. Los buques ligeros rusos partieron del puerto a las 9 de la mañana, pero los buques más pesados y de mayor calado tuvieron que esperar a las 4 de la tarde a que bajase la marea.

Sin embargo, la expedición empezó con mal pie. En la noche del 20 de octubre, a la altura de Hull (Inglaterra), la escuadra abrió fuego contra unos barcos sospechosos que el almirante ruso confundió con destructores japoneses y que en realidad eran unos inofensivos pesqueros ingleses. Dicho sea en su defensa, bien podrían haber sido buques japoneses ya que Gran Bretaña se encontraba construyendo varios buques para Japón en aquellos momentos. El incidente causó un conflicto diplomático que terminó con Rusia pagando una indemnización y con la escuadra rusa seguida continuamente por las burlas de la comunidad internacional. El día 26 los buques rusos llegaron a Vigo, España, pero no pudieron carbonear hasta el día 31. Al no poder pasar los buques más pesados por el Canal de Suez, Rojestvensky mandó al Contralmirante Falkersham con los buques ligeros por el dicho Canal mientras él mismo lideraba al resto de la escuadra rodeando el continente africano.

Ambas escuadras se reunieron en Madagascar el día 9 de enero en Nossi Be, Madagascar. El día 7 de febrero, la flota había realizado unas maniobras, que fueron un auténtico fracaso. Los telémetros, los torpedos, la radiotelegrafía, todo funcionaba mal. Los artilleros tenían miedo de disparar los cañones por miedo a que les reventasen en la cara; las prácticas con torpedos no fueron mucho mejor, y tras siete torpedos lanzados se detuvo la práctica, ya que los aparatos adoptaron cursos erráticos y a punto estuvieron de impactar contra los propios barcos rusos. Para empeorar las cosas, los carboneros que tenían que reaprovisionar a la flota no llegaron hasta primeros de marzo, coincidiendo con la noticia de la contundente derrota del ejército ruso en Mukden y con la partida de la flota rumbo a Oriente.

Para desesperación de Rojestvensky, le llegó la noticia de que le habían enviado una “Tercera Escuadra” para reforzar su flota. Desgraciadamente, esta nueva unidad estaba compuesta por buques viejos destinados al desguace y prácticamente inútiles para un combate. Todas estas malas noticias coincidieron además con los estragos que las enfermedades tropicales causaron entre la tripulación (el propio Contralmirante Falkersham, segundo al mando de la flota, falleció el 25 de mayo), lo que provocó varios connatos de motín en algunos buques. El día 9 de mayo, ambas escuadras se reunieron por fín en el Mar de China Meridional, y el día 14 la flota rusa emprendió su último viaje en dirección al Estrecho de Tsushima, el estrecho que separa Corea de Japón.

El día 27, ambas flotas se encontraron entre las islas de Tsushima e Ikishima. Los rusos formaron en dos columnas, encabezadas por los acorazados Suvarov y Oslyabia, que fueron seguidos inmediatamente por el resto de acorazados de la flota. A las 14,08, los rusos abrieron fuego desde 6700 m contra el Mikasa, buque de mando enemigo mientras la flota japonesa respondía bombardeando con proyectiles de alto poder explosivo los dos acorazados insignia rusos. Lo que siguió podría calificarse de masacre en menos de una hora.

A las 14,50 el acorazado Oslyabia no era más que una ruina llameante que se salió de la formación para acabar hundiéndose 20 minutos después. El acorazado Suvarov, también envuelto en llamas, siguió combatiendo contra la flota enemiga durante 10 minutos más hasta que al final, rodeado, acribillado por los proyectiles enemigos, sin chimeneas ni mástiles, se salió de la fila, fuera de control. Durante horas, el buque siguió combatiendo a la deriva, usando un único cañón y cuatro ametralladoras para rechazar los continuos ataques de los cruceros y destructores japoneses.

El acorazado ruso Alexander III trató de reorganizar al resto de navíos rusos tras la salida de la línea del Suvarov, pero escasos minutos después también fue incendiado por los japoneses y tuvo que ceder el puesto de liderazgo al acorazado Borodino. A las 19,07, el Alexander III volcó y se hundió con toda la tripulación exceptuando cuatro hombres. El Borodino no corrió mejor suerte, y a las 19,20, explotó bajo el fuego concentrado de los buques japoneses, apenas tres minutos antes de que el Suvarov se hundiese también.

Durante la noche cesó el combate entre los buques pesados aunque Togo mandó a sus destructores y torpederos a realizar ataques rápidos durante toda la noche para continuar presionando a los desmoralizados  rusos, consiguiendo hundir a los acorazados Navarino y Sissoi Veliki además de dejar tan dañados los cruceros Monomakh y Nakhimov que fueron hundidos por sus tripulaciones, y a la mañana siguiente tomó el mando de la flota el Contraalmirante Niebogatoff, que observó que se maltrecha flota no sería capaz de aguantar otro enfrentamiento como el del día anterior. Su buque insignia, el acorazado Nicolas I estaba sin munición y con diez grandes boquetes en el casco; el acorazado Orel solo disponía de dos cañones ligeros operativos; la escolta de cruceros y destructores que quedaban no eran ni dignos de mención. Aún así, a las 06,25 de la mañana intentó atacar a las fuerzas japonesas del Almirante Kataoka, compuesta por un el anticuado acorazado Chin´en (en realidad el acorazado chino Chen Yuen, que tras ser capturado en la Guerra Chino-Japonesa entró a formar parte de la Flota Imperial japonesa) y tres viejos cruceros, pero la pronta aparición del resto de acorazados y cruceros pesados japoneses le obligó a rendirse tras intentar, fútilmente, huir hacia Vladivostok. La Batalla de los Estrechos de Tsushima había terminado con una rotunda derrota rusa. Las pérdidas rusas ascendieron a 4380 muertos, 5917 prisioneros y 1862 internados (estas son las tripulaciones de los navíos que consiguieron huir hasta puertos neutrales, donde quedaron retenidos hasta el final de la guerra). Las pérdidas japonesas no pasaron de los 117 muertos y de los 500 heridos.







FIN DE LA GUERRA


Esta última y contundente derrota terminó de convencer al gobierno ruso de que debía de acabar con una guerra que únicamente estaba trayendo desastres. Finalmente decidieron aceptar la propuesta del presidente estadounidense Theodore Roosevelt, que se había ofrecido como mediador. La conferencia de paz se realizó en Portsmouth, en el Estado norteamericano de Maine. A principios de agosto de 1905. Allí, terminaron firmando el Tratado de Portsmouth por el cual se ponía fin al conflicto. El tratado estipulaba que Rusia reconocía el control japonés sobre Corea y además cedía a Japón la península de Liaodung, la mitad sur de la isla de Sajalín y el control de la ruta de ferrocarril del sur de Manchuria. Además, los acorazados y cruceros rusos que habían sido capturados por los japoneses durante la guerra pasaron a engrosar la Armada Imperial japonesa.

Aunque las derrotas rusas fueron contundentes, las ganancias para Japón fueron más pobres de las esperadas, provocando las protestas de los ultranacionalistas japoneses, que causaron manifestaciones que terminaron en enfrentamientos violentos con las autoridades. Si bien es cierto que la guerra avivó el nacionalismo japonés, también es cierto que existían sectores japoneses contrarios a la guerra. Personajes de ideología socialista tales como Kôtoku Shûsui habían expresado en repetidas ocasiones su preocupación por las relaciones cada vez más tensas con Rusia incluso antes de que estallasen las hostilidades. El gobierno japonés resolvió el problema de estas voces contrarias a sus política condenándolos a penas de cárcel.

La principal ganancia de la Guerra Ruso-Japonesa fue su paso adelante para convertirse en una de las principales potencias de Asia y del Pacífico. Esto se debió no solo a los Tratados de Shimonoseki, Portsmouth y el Anglo-Japonés sino también a la firma del Tratado de Taft-Katsura (o Katsura-Taft, depende del autor de la fuente) entre Estados Unidos y Japón, en el cual Estados Unidos reconocía la autoridad de Japón sobre Corea y los territorios cedidos por China y Rusia a cambio de que los japoneses renunciasen a sus intereses en Filipinas. La renovación del Tratado Anglo-Japonés en 1905 reforzó aún más a Japón.


Todo esto permitió a Japón extender su autoridad aún más por Corea, convirtiéndola primero en un protectorado y luego en una colonia, en la que el gobernador japonés metería mano en la política coreana, dirigiendo el país. Se produjeron conflictos con los coreanos; se calcula que en 1906 y 1907, entre 50.000 y 60.000 coreanos lucharon contra la ocupación japonesa. Los japoneses desplegaron 20.000 soldados para poner fin a la insurrección, y se calcula que como resultado de esto entre 7.000 y 8.000 coreanos perdieron la vida. La situación empeoró en 1909 cuando un coreano mató al Residente General japonés, algo así como el gobernador de la colonia, en Manchuria, donde estaba reunido con el Ministro de Hacienda ruso. Este asesinato proporcionó a los ultranacionalistas japoneses la excusa para anexionarse por la fuerza Corea en agosto de 1910.

viernes, 24 de mayo de 2013

La Guerra Ruso-Japonesa (1)


TENSIONES CON RUSIA

El Tratado de Shimonoseki puso fin a la Guerra Chino-Japonesa, pero causó el inicio de las fricciones que terminaron enfrentando a los imperios ruso y japonés. Rusia también estaba interesada en ampliar su ya de por sí amplio territorio anexionándose Manchuria y Corea. Debido a ello, se opuso con todas sus fuerzas al tratado de paz, por el que Japón adquiría el control de la península de Liaodung entre otros territorios. Rusia convenció a Alemania y a Francia para que la apoyasen presentando las tres naciones una queja conjunta contra la adquisición japonesa de Liaodung. Frente a esta presión internacional, Japón se vio obligado a escupir un jugoso pedazo del pastel que acababa de conseguir, aunque se le concedieron algunas concesiones menores en compensación. El hecho de que inmediatamente después Rusia consiguiese que China le cediese la dicha península en 1989 para instalar allí una base naval, la famosa Port Arthur (actual ciudad de Lüshun), causó la ira del pueblo japonés.

En 1900, se desató la Rebelión Boxer en China, en la que la secta china bóxer (el auténtico nombre en chino significa “Sociedad de la Harmonía y la Rectitud”) quiso expulsar de China a todos los extranjeros. Contaron con la complicidad y luego con el apoyo abierto de la emperatriz Cixi y del ejército imperial chino. El momento más famoso de este levantamiento fue el Asedio al Barrio de las Legaciones, en Pekín (asedio trasladado al cine en la película “55 días en Pekín”, rodada en España en 1963). Enfrentada a China se levantó la Alianza de las Ocho Naciones, compuesta por Gran Bretaña, Francia, Alemania, Italia, el Imperio Austro-Húngaro, Estados Unidos, Japón y Rusia. La rebelión fue aplastada y se firmó la paz el 7 de septiembre de 1901 con el Tratado de Xinchou. China tuvo que pagar una fuerte indemnización a las Ocho Naciones y a España y a los Países Bajos, pero no tuvo que ceder más territorios a las potencias extranjeras aunque los rusos ocuparon Manchuria con 100.000 hombres. El final de este breve conflicto solo sirvió para caldear aún más el ambiente entre Rusia y Japón debido a la ocupación de Manchuria por los rusos.

En previsión de un más que posible conflicto con Rusia, los japoneses firmaron con los británicos la Alianza Anglo-Japonesa de 1902, en la que ambas naciones acordaban mantener el status quo y ayudarse mutuamente de tal modo que si una de las dos partes estaba en guerra con otra nación, la otra permanecería neutral a no ser que el enemigo fuese más de una nación. Junto con esto, los japoneses y los rusos entablaron negociaciones para intentar resolver la situación, con los japoneses dispuestos a aceptar el dominio ruso de Manchuria si estos a su vez reconocían el dominio japonés de Corea. Las negociaciones fracasaron en 1904, y ambas naciones se prepararon para la guerra. Tras varias pequeñas escaramuzas navales, el día 9 de febrero de 1904 la flota japonesa atacó por sorpresa a la flota rusa del Pacífico mientras se encontraba aún anclada en Port Arthur.



PORT ARTHUR Y MUKDEN

El inicio de hostilidades fue el mismo que diez años antes contra China ya que no hubo una previa declaración de guerra y el ataque de la Segunda Escuadra japonesa sobre la flota rusa de Port Arthur fue totalmente por sorpresa. El plan japonés demostró estar muy bien pensado, ya que se dividió a la flota en tres escuadras independientes. La Primera Escuadra se mantendría en espera, sirviendo de reserva en caso de algún imprevisto, mientras que la Segunda Escuadra sería la encargada de atacar la flota rusa en Port Arthur. Al mismo tiempo, la Tercera Escuadra, mucho más pequeña, recibió la misión de vigilar a la división de cruceros acorazados rusos que tenían como base el puerto de Vladivostok.

El ataque contra Port Arthur empezó con un ataque nocturno por parte de los torpederos japoneses, que atacaron a los buques rusos anclados en la rada, apoyados por dos acorazados y un crucero cuyo objetivo era hundirse en la entrada del puerto, cerrándola y atrapando a la flota rusa en el puerto. A la mañana siguiente, el Almirante Togo se aproximó con el grueso de su flota para bombardear a los atrapados barcos rusos; nada más y nada menos que siete acorazados, cinco cruceros, veinticinco destructores y otros buques menores habían quedado aprisionados dentro del puerto. La idea de Togo era rematar al enemigo bombardeándolo con la flota japonesas, pero en eso fracasó, ya que los buques rusos contaron con el fuego protector de las baterías costeras, que obligaron a los buques nipones a retroceder, aunque dejaron siete buques rusos dañados.

Sin embargo, la maniobra de Togo permitió que los transportes de tropas llevasen al ejército japonés desde Japón hasta Corea sin demasiado peligro y que desde allí los contingentes japoneses se abriesen paso hasta Manchuria. Reconociendo que la flota rusa seguía siendo un peligro, tanto los mandos del ejército como de la flota japonesa decidieron tomar el importante puerto. El asedio de Port Arthur duró casi un año, hasta el 2 de febrero de 1905, con los barcos de guerra japoneses controlando y minando las aguas situadas frente al puerto mientras que el Tercer Ejército japonés se abría paso, penosamente, a través de las defensas rusas que protegían el puerto. Muchas armas y tácticas empleadas luego en la Primera Guerra Mundial fueron puestas en práctica en dicho asedio. El ejército japonés demostró una gran ignorancia en las tácticas modernas de guerra, adoptando un planteamiento muy medieval en el asedio a la fortaleza rusa, lo que provocó muchas bajas. 

Mientras, ambas escuadras dispusieron extensos campos de minas submarinas consiguieron ambas causarse grandes perdidas la una a la otra. La pérdida más grave para los rusos fue la voladura del acorazado Petropavlosk el 13 de abril y que causó la muerte del Vicealmirante Makarof, el mejor estratega naval de la flota rusa, que había sido enviado apresuradamente a Port Arthur para que salvase a la flota de la destrucción. También en el mes de abril se hundieron dos cruceros y tres destructores rusos. Los japoneses perdieron también dos acorazados y un crucero. Sin embargo, el asedio continuaba ya que los rusos disponían de las instalaciones portuarias de Port Arthur para reparar sus buques y los japoneses podían mandar los suyos a reparar a Japón y sustituirlos por otros que habían estado en reserva.

Observando como el ejército japonés se acercaba cada vez más hacia el puerto propiamente dicho, el Contraalmirante Vitjeft, que había asumido el mando de la escuadra, planeó una salida con la que intentaría llevar a los restos de su flota hacia Vladivostok. La fecha elegida fue el 10 de agosto. Para intentar incrementar sus posibilidades de éxito, contactó con la división de cruceros de Vladivostok, que había realizado una exitosa campaña contra los cargueros y transportes japoneses a pesar de todos los intentos de la flota japonesa por cazarlos, para que saliese a apoyarles.

Togo, al igual que el Almirante Jellicoe en Jutlandia más de una década después, no deseaba trabarse en un combate a corta distancia contra la escuadra rusa, donde una carga suicida de torpederos o un cañonazo afortunado podrían desbaratar la formación de la flota japonesa y dar ventaja a los rusos. Por ello, en la llamada Batalla del Mar Amarillo, ambas flotas estuvieron dos horas cañoneándose a larga distancia sin mucho éxito 




PD: Mi siguiente post será sobre la batalla de Tsushima

viernes, 10 de mayo de 2013

La Revolución Meiji a través del cine: El último samurai

Aunque el cine suele proporcionar visiones más distorsionadas que realistas sobre los procesos y fenómenos históricos, en ocasiones resulta útil para recrear una visión razonablemente fiel de la realidad de épocas pasadas. El último samurái, a despecho de sus numerosos errores históricos, permite apreciar las características básicas del enfrentamiento entre el antiguo modo de vida samurái y el mundo moderno al que se asomaba Japón como consecuencia de la Revolución Meiji. Esta escena es un buen ejemplo de ello.
 
 
 
Históricamente, El Último Samurai esta ambientado en los duros momentos que sufrió Japón durante la Rebelión Satsuma. Esta rebelión, si bien se ha teñido a lo largo del tiempo con una capa de romanticismo basada en el hecho de que fue un combate entre ejércitos de samuráis, armados con las armas y tácticas con que llevaban combatiendo siglos, contra los nuevos ejércitos modernos del nuevo Estado japonés.
 
Esto, es falso, ambos bandos terminaron usando armamento moderno y dejando bastante de lado las antiguas tradiciones en los campos de batalla. Pero lo más importante, es que la Rebelión Satsuma se debió a las desavenencias que surgieron entre los clanes que controlaban el nuevo gobierno japonés tras la abolición del shogunato y la Guerra Onin.
 
Estas desavenencias llevaron al clan Satsuma, que se había convertido en uno de los clanes más poderosos, a reclutar a sus huestes y a todos aquellos samuráis descontentos a los que pudo convencer para intentar hacerse con el poder.
 
Por ello, la visión que da la película es muy sesgada, poniendo al nuevo gobierno japonés como una panda de corruptos empresarios (que lo eran) enfrentados a la antigua nobleza samurái (que no era menos ambiciosa)
 
Aparte de esto, el papel de Tom Cruise es, por supuesto, americanizado, ya que históricamente, fueron oficiales franceses los que estuvieron con Satsuma. Y no como prisioneros, sino como asesores. Pero bueno, los americanos siempre terminan cambiando la nacionalidad del sujeto en cuestión, otro ejemplo es la película del U-571, que históricamente fue un submarino británico y no estadounidense
 
 
 
 
 
Bueno, este es el primer post de este nuevo blog, no seáis demasiado duros comentando. Tengo pensado alargar más tarde este artículo, o posiblemente publicar otro en el que hable de la Rebelión Satsuma en sí.
Además, editaré este artículo más tarde para mejorarlo, con nueva información, en cuanto tenga un poco de tiempo libre.