CARRERA HACIA LA DESTRUCCIÓN: LA
BATALLA DE TSUSHIMA
Tras
la destrucción de la escuadra rusa del Pacífico, se creó una Segunda Escuadra
del Pacífico con los buques de la Flota rusa del Báltico. El Vicealmirante
Zinovi Petrovich Rojestvensky designó como su insignia el acorazado Kniaz Suvarov, de reciente construcción,
el 14 de agosto de 1904. Tras casi dos meses de preparativos apresurados en los
que se completaron las dotaciones de los buques con reservistas y reclutas, la
flota partió para Asia el día 14 de octubre. Los buques ligeros rusos partieron
del puerto a las 9 de la mañana, pero los buques más pesados y de mayor calado
tuvieron que esperar a las 4 de la tarde a que bajase la marea.
Sin
embargo, la expedición empezó con mal pie. En la noche del 20 de octubre, a la
altura de Hull (Inglaterra), la escuadra abrió fuego contra unos barcos sospechosos
que el almirante ruso confundió con destructores japoneses y que en realidad
eran unos inofensivos pesqueros ingleses. Dicho sea en su defensa, bien podrían
haber sido buques japoneses ya que Gran Bretaña se encontraba construyendo
varios buques para Japón en aquellos momentos. El incidente causó un conflicto
diplomático que terminó con Rusia pagando una indemnización y con la escuadra
rusa seguida continuamente por las burlas de la comunidad internacional. El día
26 los buques rusos llegaron a Vigo, España, pero no pudieron carbonear hasta
el día 31. Al no poder pasar los buques más pesados por el Canal de Suez,
Rojestvensky mandó al Contralmirante Falkersham con los buques ligeros por el
dicho Canal mientras él mismo lideraba al resto de la escuadra rodeando el
continente africano.
Ambas
escuadras se reunieron en Madagascar el día 9 de enero en Nossi Be, Madagascar.
El día 7 de febrero, la flota había realizado unas maniobras, que fueron un
auténtico fracaso. Los telémetros, los torpedos, la radiotelegrafía, todo
funcionaba mal. Los artilleros tenían miedo de disparar los cañones por miedo a
que les reventasen en la cara; las prácticas con torpedos no fueron mucho
mejor, y tras siete torpedos lanzados se detuvo la práctica, ya que los
aparatos adoptaron cursos erráticos y a punto estuvieron de impactar contra los
propios barcos rusos. Para empeorar las cosas, los carboneros que tenían que
reaprovisionar a la flota no llegaron hasta primeros de marzo, coincidiendo con
la noticia de la contundente derrota del ejército ruso en Mukden y con la
partida de la flota rumbo a Oriente.
Para
desesperación de Rojestvensky, le llegó la noticia de que le habían enviado una
“Tercera Escuadra” para reforzar su flota. Desgraciadamente, esta nueva unidad
estaba compuesta por buques viejos destinados al desguace y prácticamente
inútiles para un combate. Todas estas malas noticias coincidieron además con
los estragos que las enfermedades tropicales causaron entre la tripulación (el
propio Contralmirante Falkersham, segundo al mando de la flota, falleció el 25
de mayo), lo que provocó varios connatos de motín en algunos buques. El día 9
de mayo, ambas escuadras se reunieron por fín en el Mar de China Meridional, y
el día 14 la flota rusa emprendió su último viaje en dirección al Estrecho de
Tsushima, el estrecho que separa Corea de Japón.
El
día 27, ambas flotas se encontraron entre las islas de Tsushima e Ikishima. Los
rusos formaron en dos columnas, encabezadas por los acorazados Suvarov y Oslyabia, que fueron seguidos inmediatamente por el resto de
acorazados de la flota. A las 14,08, los rusos abrieron fuego desde 6700 m
contra el Mikasa, buque de mando
enemigo mientras la flota japonesa respondía bombardeando con proyectiles de
alto poder explosivo los dos acorazados insignia rusos. Lo que siguió podría
calificarse de masacre en menos de una hora.
A
las 14,50 el acorazado Oslyabia no
era más que una ruina llameante que se salió de la formación para acabar
hundiéndose 20 minutos después. El acorazado Suvarov, también envuelto en llamas, siguió combatiendo contra la
flota enemiga durante 10 minutos más hasta que al final, rodeado, acribillado
por los proyectiles enemigos, sin chimeneas ni mástiles, se salió de la fila,
fuera de control. Durante horas, el buque siguió combatiendo a la deriva,
usando un único cañón y cuatro ametralladoras para rechazar los continuos
ataques de los cruceros y destructores japoneses.
El
acorazado ruso Alexander III trató de
reorganizar al resto de navíos rusos tras la salida de la línea del Suvarov, pero escasos minutos después
también fue incendiado por los japoneses y tuvo que ceder el puesto de
liderazgo al acorazado Borodino. A
las 19,07, el Alexander III volcó y
se hundió con toda la tripulación exceptuando cuatro hombres. El Borodino no corrió mejor suerte, y a las
19,20, explotó bajo el fuego concentrado de los buques japoneses, apenas tres
minutos antes de que el Suvarov se
hundiese también.
Durante
la noche cesó el combate entre los buques pesados aunque Togo mandó a sus
destructores y torpederos a realizar ataques rápidos durante toda la noche para
continuar presionando a los desmoralizados
rusos, consiguiendo hundir a los acorazados Navarino y Sissoi Veliki
además de dejar tan dañados los cruceros Monomakh
y Nakhimov que fueron hundidos por
sus tripulaciones, y a la mañana siguiente tomó el mando de la flota el
Contraalmirante Niebogatoff, que observó que se maltrecha flota no sería capaz
de aguantar otro enfrentamiento como el del día anterior. Su buque insignia, el
acorazado Nicolas I estaba sin
munición y con diez grandes boquetes en el casco; el acorazado Orel solo disponía de dos cañones
ligeros operativos; la escolta de cruceros y destructores que quedaban no eran
ni dignos de mención. Aún así, a las 06,25 de la mañana intentó atacar a las
fuerzas japonesas del Almirante Kataoka, compuesta por un el anticuado
acorazado Chin´en (en realidad el acorazado chino Chen Yuen, que tras ser
capturado en la Guerra Chino-Japonesa entró a formar parte de la Flota Imperial
japonesa) y tres viejos cruceros, pero la pronta aparición del resto de
acorazados y cruceros pesados japoneses le obligó a rendirse tras intentar,
fútilmente, huir hacia Vladivostok. La Batalla de los Estrechos de Tsushima
había terminado con una rotunda derrota rusa. Las pérdidas rusas ascendieron a
4380 muertos, 5917 prisioneros y 1862 internados (estas son las tripulaciones
de los navíos que consiguieron huir hasta puertos neutrales, donde quedaron
retenidos hasta el final de la guerra). Las pérdidas japonesas no pasaron de
los 117 muertos y de los 500 heridos.
FIN DE LA GUERRA
Esta
última y contundente derrota terminó de convencer al gobierno ruso de que debía
de acabar con una guerra que únicamente estaba trayendo desastres. Finalmente
decidieron aceptar la propuesta del presidente estadounidense Theodore
Roosevelt, que se había ofrecido como mediador. La conferencia de paz se
realizó en Portsmouth, en el Estado norteamericano de Maine. A principios de
agosto de 1905. Allí, terminaron firmando el Tratado de Portsmouth por el cual
se ponía fin al conflicto. El tratado estipulaba que Rusia reconocía el control
japonés sobre Corea y además cedía a Japón la península de Liaodung, la mitad
sur de la isla de Sajalín y el control de la ruta de ferrocarril del sur de
Manchuria. Además, los acorazados y cruceros rusos que habían sido capturados
por los japoneses durante la guerra pasaron a engrosar la Armada Imperial
japonesa.
Aunque
las derrotas rusas fueron contundentes, las ganancias para Japón fueron más
pobres de las esperadas, provocando las protestas de los ultranacionalistas
japoneses, que causaron manifestaciones que terminaron en enfrentamientos
violentos con las autoridades. Si bien es cierto que la guerra avivó el
nacionalismo japonés, también es cierto que existían sectores japoneses
contrarios a la guerra. Personajes de ideología socialista tales como Kôtoku
Shûsui habían expresado en repetidas ocasiones su preocupación por las
relaciones cada vez más tensas con Rusia incluso antes de que estallasen las
hostilidades. El gobierno japonés resolvió el problema de estas voces
contrarias a sus política condenándolos a penas de cárcel.
La
principal ganancia de la Guerra Ruso-Japonesa fue su paso adelante para
convertirse en una de las principales potencias de Asia y del Pacífico. Esto se
debió no solo a los Tratados de Shimonoseki, Portsmouth y el Anglo-Japonés sino
también a la firma del Tratado de Taft-Katsura (o Katsura-Taft, depende del
autor de la fuente) entre Estados Unidos y Japón, en el cual Estados Unidos
reconocía la autoridad de Japón sobre Corea y los territorios cedidos por China
y Rusia a cambio de que los japoneses renunciasen a sus intereses en Filipinas.
La renovación del Tratado Anglo-Japonés en 1905 reforzó aún más a Japón.
Todo
esto permitió a Japón extender su autoridad aún más por Corea, convirtiéndola
primero en un protectorado y luego en una colonia, en la que el gobernador
japonés metería mano en la política coreana, dirigiendo el país. Se produjeron
conflictos con los coreanos; se calcula que en 1906 y 1907, entre 50.000 y
60.000 coreanos lucharon contra la ocupación japonesa. Los japoneses
desplegaron 20.000 soldados para poner fin a la insurrección, y se calcula que
como resultado de esto entre 7.000 y 8.000 coreanos perdieron la vida. La
situación empeoró en 1909 cuando un coreano mató al Residente General japonés,
algo así como el gobernador de la colonia, en Manchuria, donde estaba reunido
con el Ministro de Hacienda ruso. Este asesinato proporcionó a los
ultranacionalistas japoneses la excusa para anexionarse por la fuerza Corea en
agosto de 1910.
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